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lunes, 7 de febrero de 2022

Jornada Mundial del Enfermo 2022: «Acompañar en el sufrimiento»


       La Iglesia celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Jornada Mundial del Enfermo. Este día se inicia la Campaña que concluye el 22 de mayo, cuando la Iglesia en España celebra la Pascua del Enfermo.
«Acompañar en el sufrimiento» es el lema que propone el departamento de Pastoral de la Salud, para una Jornada instituida hace 30 años por San Juan Pablo II para sensibilizar sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan.
El papa Francisco, en su mensaje, recuerda con agradecimiento que en este tiempo se ha avanzado bastante, pero, puntualiza, «todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado».


Mensaje íntegro del Papa Francisco, pulse aquí.

Oración, pulse aquí.

lunes, 8 de febrero de 2021

Jornada Mundial del Enfermo 2021 el 11 de febrero.

   El próximo 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Este año bajo el lema “Cuidémonos mutuamente”.
   Esta Campaña que en España tiene dos momentos: el 11 de febrero, es el Día del enfermo, de carácter mundial, y el 9 de mayo la Pascua del enfermo. 
   El mensaje del Papa Francisco, destaca la importancia de este momento para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. En particular, señala, a las personas que sufren en todo el mundo la pandemia del coronavirus, así como a los más pobres y marginados.


viernes, 7 de febrero de 2020

Jornada del Enfermo 2020

“Acompañar en la soledad” es el lema de la Jornada Mundial del Enfermo 2020, que en España tiene dos momentos: el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, es el Día del enfermo, de carácter mundial. La Iglesia en España celebra el 17 de mayo la Pascua del enfermo. 

El Dicasterio para la Promoción Humana Integral de la Persona nos propone como tema para la Jornada Mundial del Enfermo del 11 de febrero: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11, 28). En España, acogiendo este tema, «nos proponemos fijarnos en una de las causas de ese cansancio que piden ser aliviadas: la soledad. Con sólo echar una vista a los datos de la soledad nos damos cuenta que tiene las dimensiones de una auténtica epidemia. Según el Instituto Nacional de Estadística, se estima que en España hay 4,7 millones de hogares unipersonales. Dos millones de personas mayores de 65 años viven solas. Más de 850.00 mayores de 80 años viven solos y muchos presentan problemas de movilidad. Solo estas cifras son un dato preocupante. Si además sumamos, entre otras formas de soledad, la de quienes están ingresados en los hospitales o la de las familias con miembros con una enfermedad mental grave, por ejemplo, descubrimos lo acuciante de reflexionar para buscar el modo de aliviar tanta soledad», se explica en la presentación de los materiales.

lunes, 4 de febrero de 2019

Jornada Mundial del Enfermo 2019: 11 de febrero


   «Gratis habéis recibido, dad gratis», es el lema de la Jornada Mundial del Enfermo 2019. Una Campaña que en España tiene dos momentos. El 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, es el Día del enfermo, de carácter mundial. La Iglesia en España celebra el 26 de mayo la Pascua del enfermo. 

     Con esta Campaña se pretende reconocer el valor de la gratuidad en la entrega al cuidado de los enfermos, como reconocimiento del recibido. Es necesario hacer una reflexión en la importancia del voluntariado y la necesidad de animara más personas en esta dirección.


- Mensaje de los Obispos, pulse aquí.
- Oración, pulse aquí.

sábado, 10 de febrero de 2018

VI Domingo del Tiempo Ordinario

    En este VI domingo del Tiempo Ordinario, y festividad de la Virgen de Lourdes, la Iglesia nos invita a celebrar la Jornada Mundial del Enfermo. Una celebración que, en España da inicio a la Campaña que discurrirá hasta la Pascua del enfermo el VI domingo de Pascua.

    El tema de esta Jornada es «Acompañar a la familia en la enfermedad». Todos vivimos en el marco de una familia, y cuando uno enferma, enferma toda la familia.

    También hoy celebramos la Campaña contra el Hambre con el lema "Compartir lo que importa". Otra situación que, al igual que la enfermedad, va íntimamente relacionada con la familia.
Luchar contra el hambre es nuestra misión, porque el hambre no es una fatalidad o un destino irreparable para muchas personas. Durante 2018 Manos Unidas continuará trabajando para poner en común experiencias, iniciativas y propuestas que nos ayuden a vivir la solidaridad.

    Compartir lo que importa es poner en común nuestra vida, nuestros bienes y nuestro compromiso por un mundo mejor en el que los derechos humanos sean respetados y donde cada persona pueda disponer de los medios necesarios para vivir con dignidad.

    En ambas situaciones, hambre o enfermedad, la Iglesia tiene que estar volcada con la familia que las sufra, tratando de acompañar, aliviar, y crear las condiciones para que estas situaciones les afecten lo menos posible a quienes viven dentro de la comunidad parroquial.

    Que María, Madre, nos impulse en esta preciosa misión.

    Les dejamos el enlace con las lecturas y un video del Evangelio.


martes, 6 de febrero de 2018

Jornada Mundial del Enfermo 2018.

    Las familias de los enfermos son el objetivo este año para la Jornada Mundial del Enfermo. El 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, es el Día del enfermo, de carácter mundial, con el lema: “Acompañar a la familia en la enfermedad”. La Iglesia en España celebra el 6 de mayo la Pascua del enfermo.

    Con esta Campaña se pretende, entre otros fines, reclamar la atención sobre el importante papel que la familia tiene en la atención al enfermo, y dar a conocer las necesidades que le surgen en la situación de enfermedad. Además de promover la ayuda a las familias, en las parroquias y hospitales, a fin de que puedan desempeñar ese papel insustituible en la atención al enfermo.

    Oración, pulse aquí.

viernes, 10 de febrero de 2017

"Estuve enfermo..."

     Al final del Sermón de la Montaña, Jesús habla del juicio de Dios, el juicio del amor al que todos seremos llamados, seremos juzgados desde la misericordia de Dios, pero también en el amor que hayamos sido capaces de dar. Jesús va enumerando una serie de acciones que la Iglesia junto con otra las ha llamado Obras de Misericordia. La Iglesia divide estas Obras en: Espirituales y Corporales. Las Espirituales son: Enseñar al que no sabe, Dar buen consejo al que lo necesita, Corregir al que se equivoca, Perdonar al que nos ofende, Consolar al triste, Sufrir con paciencia los defectos del prójimo y Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos. Y las Corporales son: Visitar a los enfermos, Dar de comer al hambriento, Dar de beber al sediento, Dar posada al peregrino, Vestir al desnudo, Visitar a los presos y Enterrar a los difuntos.

     Estas obras son solo un ejemplo de las numerosas que podemos hacer para vivir y transmitir la Misericordia de Dios. El Evangelio de San Mateo presenta así esa última parte del Sermón de la Montaña (Mt 25, 31-46):
"31 Y cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. 32 Y serán reunidas delante de él todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. 34 Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos?, ¿o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos?, ¿o desnudo y te cubrimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?
40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41 Entonces dirá también a los que estén a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46 E irán estos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna."

    Quiero centrar mi reflexión y compartir con todos los que nos siguen mi experiencia personal, de vivencia, de una de esas Obras de Misericordia, Visitar a los enfermos, a lo que la Iglesia nombra de esta forma, pero que en realidad tiene un contenido, un sentido y un significado mucho más profundo. Desde mañana, 11 de febrero, Fiesta de Ntra. Sra. de Lourdes, la madre de los enfermos, hasta el próximo 21 de mayo, VI Domingo de Pascua, la Pascua del Enfermo, la Iglesia dedicará estas semanas a reflexionar, a ayudar a tomar conciencia y a orar con mayor intensidad, en torno a la realidad de los enfermos, a través de la Pastoral de la Salud, en España con el lema: "Salud para ti, salud para tu casa" (1 Sam 25, 6).

     Desde hace algunos años estoy plenamente inmersa en el mundo del enfermo. A partir de un determinado momento, visitar a conocidos enfermos en hospitales, clínicas o en sus propios domicilios, e incluso acudir yo misma al hospital a la consulta de algún especialista, comenzó a tener para mi un sentido muy diferente al que hasta el momento había tenido, la simple visita por cortesía o como fruto de mi vivencia de la fe. Desde entonces, empecé a darme cuenta de que mis momentos junto al enfermo no podían quedar reducido solo a permanecer sentada frente a su cama durante un breve tiempo, o en  la sala de un hospital como una simple espectadora de lo que allí ocurría. Empecé a sentir la necesidad de formar parte de ello de forma activa. En esa necesidad reconocí que lo que sentía no era solo la simpatía por una actividad que me podría servir como medio para ganarme la vida, sino que era mucho más que eso, una vocación, una llamada de Dios. Es verdad que en ese servicio Dios me estaba regalando también un medio de vida, pero me regalaba, sobre todo, la oportunidad de ser el puente y el camino que le acercara a él como buen samaritano a la cama del enfermo, y que acercara al enfermo, al que es, salud, consuelo y esperanza.
En ese momento, cuando comenté en mi casa que quería ser cuidadora de enfermos, mi familia no lo entendió ni lo aceptó, al contrario. Entonces decidí dejar pasar un tiempo sabiendo, que si era verdaderamente una llamada de Dios como yo creía que había sentido, él pondría los medios para que yo pudiera llevar a cabo la misión que me estaba pidiendo. Después de unos pocos meses sin volver a mencionar el tema en mi casa, de forma inesperada, me ofrecieron mi primer servicio, y de forma más inesperada todavía, en mi casa lo tomaron de una manera más natural.
De los años que llevo realizando este servicio, y de entre las muchas cosas buenas que he podido vivir y aprender en él, destaco dos: en primer lugar, todos los enfermos, desde el más leve hasta el más grave, sea cual sea su raza, religión o nivel cultural, son siempre una escuela, una fuente inagotable de sabiduría; en segundo lugar, tengo la oportunidad de, además de en la misa, poder acercarme al Calvario a consolar a Jesús crucificado, en la cama del enfermo. Además de todo esto, tengo que mencionar la experiencia con los sanitarios, el resto del personal de los centros en los que he trabajado, y por supuesto, con las familias de los enfermos, que en mi caso ha sido siempre una experiencia gratificante y enriquecedora de respeto y agradecimiento mutuo.
     No quiero acabar este testimonio personal sin subrayar, para que quede bien claro, que el servicio que realizo en el mundo den enfermo es, y ha sido siempre para mi, una vocación. Es verdad que en él he encontrado también un modo para ganarme la vida, pero he encontrado ante todo, una llamada de Dios a realizar un servicio, en el que lo menos importante para mi, por no decir lo que no importa, es el tiempo y el dinero. Lo realmente importante son las personas a las que atiendo y en las que veo cada día el rostro de Jesús. Digo esto, porque no hace mucho tiempo, dos personas que dicen ser mis amigos me dijeron que lo que yo realizo no puede considerarse un servicio, sino un trabajo ya que pagan por ello. La misma Palabra de Dios nos enseña que el sustento hay que ganarlo trabajando, y que todo el que trabaja merece su salario. La clave está en lo que nos motiva a hacer  nuestro trabajo, si es solo el interés material, o es el amor y la misericordia que Dios ha tenido con nosotros para enseñarnos a tenerla con los demás. La diferencia entre trabajar y servir con nuestro trabajo está en el amor con que lo hagamos.
    Durante estas semanas, te invito a tener presente a todos los enfermos, a los tuyos y a los que no conoces, a las familias, a los cuidadores, al personal sanitario y a los servicios de Pastoral Vocacional y de Salud, que son la luz, el consuelo y la esperanza de Dios por medio de su Iglesia.

Sofía Calderín.
Redactora de la Hoja Parroquial.

    

lunes, 6 de febrero de 2017

Jornada Mundial del Enfermo 2017



     El 11 de febrero con el lema “Salud para ti, salud para tu casa” (1 Sam. 25,6), la Campaña del Enfermo de este año nos abre al amplio significado de Salud. Nos ofrece una visión amplia, no sólo porque la enfermedad y la salud son multidimensionales (física, psíquica, emocional, social y espiritual) sino porque sobre ambas tiene una gran incidencia el medio ambiente. Éste es a la vez fuente de salud y de enfermedad y esta capacidad, en gran parte, está en relación directa con el hacer del ser humano.

     Cuidar la tierra es cuidar a las personas. Todo el engranaje económico, social, ambiental, etc., que tenemos y vivimos hoy en nuestro mundo, nos interpela a todos y de una forma u otra todos somos hacedores de él. La Iglesia se plantea una respuesta a esta realidad ambiental y cósmica, ofreciendo una reflexión encaminada a ayudarnos a cambiar la mirada y las actitudes, a sentirnos parte integrante de nuestro planeta y a no desligar el cuidado del medio ambiente del cuidado fundamental que, como cristianos, debemos tener con “el otro”. Sabemos que, como suele suceder, las peores consecuencias las sufren los más desfavorecidos, los más pobres, aquellos que menos recursos y posibilidades tienen en cualquier rincón de nuestro mundo.

     “Nada hay separado” y ninguna de nuestras acciones son neutras, todo tiene su influencia en el bienestar o malestar del otro, incluida la tierra y los seres que la habitan. Por lo tanto todo tiene su influencia sobre la Salud (entendida desde su significado amplio y unificador). El papa Francisco emplea la expresión “casa común”. Cuidar la Salud y el porvenir de nuestra casa común es tarea fundamental de cada uno de nosotros y en esto estamos embarcados todos, más allá de nuestros credos y filosofías de vida. Nos motiva a ponernos en pie y enrolarnos en las múltiples iniciativas que estén a nuestro alcance. 


sábado, 30 de abril de 2016

VI Domingo de Pascua

    Celebramos el VI Domingo de Pascua y además, la Pascua del Enfermo 2016 con el lema: María, icono de la confianza y del acompañamiento. “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5).
    Las lecturas de hoy transitan las tres etapas de la Iglesia. Recorrámoslas. La intimidad entre el Jesús histórico y sus discípulos representa la primera etapa, el tiempo fundacional. Ellos encontraron en Jesús al Mesías esperado y al Hijo de Dios (Jn 1,35-51). Sólo Él tenía palabras de vida eterna (6,68). En amarlo a él consistía su vida y su felicidad. Ahora, en las palabras de despedida del Evangelio (14,23- 29), Jesús les dice que amarlo de verdad implica guardar su palabra, incluso cuando él parta. Él les promete la asistencia del Espíritu Santo, el abogado defensor y consolador. Jesús los prepara para su muerte. Ellos jamás estarán solos. Incluso su partida entra en el designio del Padre, por eso cuando suceda deben seguir creyendo. El segundo momento de la Iglesia, la etapa actual, es descrito de forma óptima en la lectura de Hechos. Se desencadena la primera gran crisis eclesial: algunos (Pablo y Bernabé) están bautizando a los paganos sin exigirles circuncidarse, es decir, se puede ser discípulo sin necesidad de cumplir todos los preceptos de la ley mosaica. En la Iglesia madre de Jerusalén surgen dudas. Se reúnen y oran. Deciden «el Espíritu Santo y nosotros» no exigir la circuncisión. Solo piden a los nuevos convertidos, por respeto a los judeocristianos, que se abstengan de la sangre, de las carnes sacrificadas a los ídolos, etc. Así pues, el segundo tiempo de la Iglesia se caracteriza por la escucha del Espíritu y la comunión eclesial. El tercer y último tiempo se abre al futuro de la consumación. El Apocalipsis describe a la Iglesia futura como la Jerusalén del cielo, una ciudad bien custodiada por doce puertas con los nombres de los apóstoles. Ya no hará falta ni sol ni santuario, porque la gloria de Dios lo llenará todo. En síntesis: la Iglesia camina en la historia entre el amor y la fe a las palabras fundacionales de Jesús, la asistencia actual del Espíritu que la impulsa a la comunión, y el futuro del encuentro final con Dios. No olvidemos tan grandes misterios

Les dejamos el enlace con las lecturas de hoy y un video del Evangelio.





viernes, 29 de abril de 2016

PASCUA DEL ENFERMO 2016.

    El próximo 1 de mayo, la Iglesia en España celebra la Pascua del Enfermo, de carácter mundial, con el lema: María, icono de la confianza y del acompañamiento. “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5)


martes, 9 de febrero de 2016

Jornada Mundial y Pascua del Enfermo 2016


María, icono de la confianza y del acompañamiento
“Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5)

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XXIV JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2016

Queridos hermanos y hermanas:
La XXIV Jornada Mundial del Enfermo me ofrece la oportunidad de estar especialmente cerca de vosotros, queridos enfermos, y de todos los que os cuidan.
Debido a que este año dicha Jornada será celebrada solemnemente en Tierra Santa, propongo meditar la narración evangélica de las bodas de Caná (Jn 2,1-11), donde Jesús realizó su primer milagro gracias a la mediación de su Madre. El tema elegido, «Confiar en Jesús misericordioso como María: “Haced lo que Él os diga”» (Jn 2,5), se inscribe muy bien en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia. La Celebración eucarística central de la Jornada, el 11 de febrero de 2016, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, tendrá lugar precisamente en Nazaret, donde «la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14). Jesús inició allí su misión salvífica, aplicando a sí mismo las palabras del profeta Isaías, como dice el evangelista Lucas: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).
La enfermedad, sobre todo cuando es grave, pone siempre en crisis la existencia humana y nos plantea grandes interrogantes. La primera reacción puede ser de rebeldía: ¿Por qué me ha sucedido precisamente a mí? Podemos sentirnos desesperados, pensar que todo está perdido y que ya nada tiene sentido…
En esta situación, por una parte la fe en Dios se pone a prueba, pero al mismo tiempo revela toda su fuerza positiva. No porque la fe haga desaparecer la enfermedad, el dolor o los interrogantes que plantea, sino porque nos ofrece una clave con la que podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo; una clave que nos ayuda a ver cómo la enfermedad puede ser la vía que nos lleva a una cercanía más estrecha con Jesús, que camina a nuestro lado cargado con la cruz. Y esta clave nos la proporciona María, su Madre, experta en esta vía.
En las bodas de Caná, María aparece como la mujer atenta que se da cuenta de un problema muy importante para los esposos: se ha acabado el vino, símbolo del gozo de la fiesta. María descubre la dificultad, en cierto sentido la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. No se limita a mirar, y menos aún se detiene a hacer juicios, sino que se dirige a Jesús y le presenta el problema tal como es: «No tienen vino» (Jn 2,3). Y cuando Jesús le hace presente que aún no ha llegado el momento para que Él se revele (cf. v. 4), dice a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga» (v. 5). Entonces Jesús realiza el milagro, transformando una gran cantidad de agua en vino, en un vino que aparece de inmediato como el mejor de toda la fiesta. ¿Qué enseñanza podemos obtener del misterio de las bodas de Caná para la Jornada Mundial del Enfermo?
El banquete de bodas de Caná es una imagen de la Iglesia: en el centro está Jesús misericordioso que realiza la señal; a su alrededor están los discípulos, las primicias de la nueva comunidad; y cerca de Jesús y de sus discípulos está María, Madre previsora y orante. María participa en el gozo de la gente común y contribuye a aumentarlo; intercede ante su Hijo por el bien de los esposos y de todos los invitados. Y Jesús no rechazó la petición de su Madre. Cuánta esperanza nos da este acontecimiento. Tenemos una Madre con ojos vigilantes y compasivos, como los de su Hijo; con un corazón maternal lleno de misericordia, como Él; con unas manos que quieren ayudar, como las manos de Jesús, que partían el pan para los hambrientos, que tocaban a los enfermos y los sanaba. Esto nos llena de confianza y nos abre a la gracia y a la misericordia de Cristo. La intercesión de María nos permite experimentar la consolación por la que el apóstol Pablo bendice a Dios: «¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios! Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo» (2 Co 1,3-5). María es la Madre «consolada» que consuela a sus hijos.
En Caná se perfilan los rasgos característicos de Jesús y de su misión: Él es Aquel que socorre al que está en dificultad y pasa necesidad. En efecto, en su ministerio mesiánico curará a muchos de sus enfermedades, dolencias y malos espíritus, dará la vista a los ciegos, hará caminar a los cojos, devolverá la salud y la dignidad a los leprosos, resucitará a los muertos y a los pobres anunciará la buena nueva (cf. Lc 7,21-22). La petición de María, durante el banquete nupcial, puesta por el Espíritu Santo en su corazón de madre, manifestó no sólo el poder mesiánico de Jesús sino también su misericordia.
En la solicitud de María se refleja la ternura de Dios. Y esa misma ternura se hace presente también en la vida de muchas personas que se encuentran junto a los enfermos y saben comprender sus necesidades, aún las más ocultas, porque miran con ojos llenos de amor. Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, confían su súplica en las manos de la Virgen. Para nuestros seres queridos que sufren por la enfermedad pedimos en primer lugar la salud; Jesús mismo manifestó la presencia del Reino de Dios precisamente a través de las curaciones: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan» (Mt 11,4-5). Pero el amor animado por la fe hace que pidamos para ellos algo más grande que la salud física: pedimos la paz, la serenidad de la vida que parte del corazón y que es don de Dios, fruto del Espíritu Santo que el Padre no niega nunca a los que se lo piden con confianza.
En la escena de Caná, además de Jesús y su Madre, están también los que son llamados «sirvientes», que reciben de Ella esta indicación: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Naturalmente el milagro tiene lugar por obra de Cristo; sin embargo, Él quiere servirse de la ayuda humana para realizar el prodigio. Habría podido hacer aparecer directamente el vino en las tinajas. Sin embargo, quiere contar con la colaboración humana, y pide a los sirvientes que las llenen de agua. Cuánto valora y aprecia Dios que seamos servidores de los demás. Esta es de las cosas que más nos asemeja a Jesús, el cual «no ha venido a ser servido sino a servir» (Mc 10,45). Estos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho. No sólo obedecen, sino que lo hacen generosamente: llenaron las tinajas hasta el borde (cf. Jn 2,7). Se fían de la Madre, y con prontitud hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos.
En esta Jornada Mundial del Enfermo podemos pedir a Jesús misericordioso por la intercesión de María, Madre suya y nuestra, que nos conceda esta disponibilidad para servir a los necesitados, y concretamente a nuestros hermanos enfermos. A veces este servicio puede resultar duro, pesado, pero estamos seguros de que el Señor no dejará de transformar nuestro esfuerzo humano en algo divino. También nosotros podemos ser manos, brazos, corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, con frecuencia escondidos. También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestros cansancios y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el mejor vino. Cada vez que se ayuda discretamente a quien sufre, o cuando se está enfermo, se tiene la ocasión de cargar sobre los propios hombros la cruz de cada día y de seguir al Maestro (cf. Lc 9,23); y aún cuando el encuentro con el sufrimiento sea siempre un misterio, Jesús nos ayuda a encontrarle sentido.
Si sabemos escuchar la voz de María, que nos dice también a nosotros: «Haced lo que Él os diga», Jesús transformará siempre el agua de nuestra vida en vino bueno. Así, esta Jornada Mundial del Enfermo, celebrada solemnemente en Tierra Santa, ayudará a realizar el deseo que he manifestado en la Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia: «Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con [el Hebraísmo, el Islam] y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae Vultus, 23). Cada hospital o clínica puede ser un signo visible y un lugar que promueva la cultura del encuentro y de la paz, y en el que la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, así como también la ayuda profesional y fraterna, contribuyan a superar todo límite y división.
Son un ejemplo para nosotros las dos monjas canonizadas en el pasado mes de mayo: santa María Alfonsina Danil Ghattas y santa María de Jesús Crucificado Baouardy, ambas hijas de la Tierra Santa. La primera fue testigo de mansedumbre y de unidad, ofreciendo un claro testimonio de la importancia que tiene el que seamos unos responsables de los otros importante es que seamos responsables unos de otros, de que vivíamos al servicio de los demás. La segunda, mujer humilde e iletrada, fue dócil al Espíritu Santo y se convirtió en instrumento de encuentro con el mundo musulmán.
A todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, les deseo que estén animados por el ejemplo de María, Madre de la Misericordia. «La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, a fin de que todos podamos descubrir la alegría de la ternura de Dios» (ibíd., 24) y llevarla grabada en nuestros corazones y en nuestros gestos. Encomendemos a la intercesión de la Virgen nuestras ansias y tribulaciones, junto con nuestros gozos y consolaciones, y dirijamos a ella nuestra oración, para que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos, especialmente en los momentos de dolor, y nos haga dignos de contemplar hoy y por toda la eternidad el Rostro de la misericordia, su Hijo Jesús.
Acompaño esta súplica por todos vosotros con mi Bendición Apostólica.
Dado en el Vaticano, el 15 de setiembre de 2015
Memoria de Nuestra Señora de los Dolores.

Los materiales y la oración en el siguiente enlace.