El 4 de junio se celebra la Solemnidad de Pentecostés y día de la Acción Católica y Apostolado Seglar. Bajo el lema “Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo ” la Jornada nos invita a sembrar la Palabra de Dios para ser promotores del diálogo en la sociedad y constructores de la civilización del Amor. De esta manera, podremos transmitir los valores y actitudes que contribuyan a construir un mundo más justo y fraterno.
Este 28 de mayo, Solemnidad de la Ascensión del Señor, el Papa Francisco invita a reflexionar en torno al lema: “Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos”. Su mensaje para esta Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales puede ayudarnos en el trabajo de la comunicación de la Iglesia. Entre otros aspectos, el Papa llama a contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo que trate de mostrar posibles soluciones. De este modo, invita a favorecer una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia.
El tiempo de Pascua se acerca a su final y las lecturas ya aluden a la acción del Espíritu Santo. Así aparece en el evangelio, que continúa el de la semana pasada, ofreciendo parte del discurso de Jesús en la última cena. Jesús anuncia su muerte y resurrección. Pero, les asegura que pedirá al Padre que les envíe el Espíritu Santo, que será su animador y defensor (paráclito), los mantendrá en la verdad y siempre estará con ellos, prolongando la presencia del Dios con nosotros. Al igual que el Hijo, el Espíritu no es recibido por el mundo, pero pone su morada en los creyentes, vive en ellos, estableciéndose una íntima relación (lo conocen). Jesús exhorta a los discípulos a vivir en la dinámica del mandamiento del amor para estar en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu.
El Espíritu impulsa la obra evangelizadora, como señaló el Señor Resucitado antes de su ascensión: “Recibiréis el Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo” (1,8). La primera lectura presenta la llegada del evangelio a Samaría, región considerada pagana por los judíos, gracias a la misión de Felipe. Sus palabras, acompañadas por los signos del Reino (curar dolencias y expulsar espíritus inmundos), hicieron que muchos se convirtieran a Cristo y la ciudad se llenara de alegría. Finalmente, recibieron el Espíritu Santo por la imposición de las manos de los apóstoles, quedando incorporados a la Iglesia.
Todo cristiano, como pide el apóstol Pedro, tiene que estar siempre dispuesto a dar razón de su esperanza a quien se lo pida. Haciéndolo con respeto y mansedumbre, padeciendo, como Jesús, el sufrimiento de quien lo calumnia y persigue, apoyado en el Espíritu que devolvió la vida a Jesús.
Celebramos en este domingo la Pascua del Enfermo y se cierra la campaña que se abrió el pasado 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, cuando se celebró el Día del Enfermo, de carácter mundial. Pidamos por todos los enfermos y por los que van a recibir el Sacramento de la Unción.
Les dejamos el enlace con las lecturas y un video del Evangelio.
Desde hace 32 años la Iglesia española celebra la Pascua del Enfermo el VI Domingo de Pascua. El tema de este año es “Pastoral de la salud y ecología integral”.
Con él, queremos centrarnos en la Prevención de la enfermedad, a raíz de la llamada que el Papa Francisco nos hace en la Encíclica Laudato Si, alertando de los riesgos que el deterioro del medio ambiente tiene para la salud; así como los beneficios sanitarios que produce un cuidado del mismo.
Cuidar que el ambiente en que vivimos sea sano, produce salud; al contrario, vivir en un medio ambiente degradado es origen de muchas enfermedades. En esta Campaña queremos, pues, tomar conciencia de esto, sabiendo lo que ya nos recuerda el refrán “más vale prevenir que curar”.
Ante ello, la Iglesia estamos llamados a sensibilizar y alertar de los riesgos, a denunciar aquellas situaciones medioambientales perjudiciales, así como a cuidar y curar a quienes se han visto afectados por enfermedades relacionadas con la degradación medioambiental.
A lo largo del Evangelio de Juan son muchos los pasajes en los que Jesús aparece definiéndose a si mismo: la puerta, el buen pastor, la vid, el pan vivo bajado del cielo, la Resurrección y la vida.
En la página del Evangelio de hoy, escuchamos a Jesús definiéndose a si mismo como el camino, la verdad y la vida.
A lo largo de toda la historia de la salvación, Dios se había manifestado a su pueblo de muchas maneras, principalmente, por medio de Moisés y de los profetas, pero aún así, el pueblo lo concebía como un Dios lejano al que no se podía mirar, y ante quien había que taparse el rostro. con la venida de Jesús, Dios no solo quiso mostrarnos su rostro, y mirarnos a los ojos para enseñarnos que también nosotros podemos mirarlo a él, sino que quiso además por medio del mensaje de su hijo enseñarnos el camino que nos conduce a él, que no es otro que el camino del amor, el servicio, la entrega y la obediencia. Jesús recorrió este camino, para mostrárnoslo y así nosotros podamos recorrerlo también, por eso dice Jesús de si mismo, yo soy el camino.
En la vida de las personas, ayer y hoy, se oyen muchas voces, opiniones o mensajes de todo tipo, que acaban por aturdirnos y confundirnos, porque cada uno creemos estar en posesión de la verdad, y queremos imponerla por encima de todo. Jesús ha venido a enseñarlos a comprender que la última palabra, la palabra de la verdad, la tiene siempre Dios. Él escuchó siempre la voz del Padre, y la escuchó siempre obediente a ella, y esa voz del Padre que escuchaba y obedecía, llevándola a la práctica en su vida, era la misma que transmitía y enseñaba a quienes acudían a escucharle. La única verdad es la que sale de la boca de Dios, y es la misma que Jesús predicó con su palabra y su vida. Podemos decir que la verdad de Dios y de Jesús es una misma y única verdad. Por eso Jesús ha dicho de si mismo, yo soy la verdad.
En todas las épocas de la existencia humana ha habido siempre situaciones que hacen que las personas estén como muertas en vida: enfermedades, frustraciones, pobreza. Jesús ha venido a poner luz y dignidad en todas aquellas situaciones que oscurecen, hacen indigna e incluso acaban con la vida de las personas. Las curaciones que realizó, corporal y espiritualmente, no son otra cosa que poner vida, donde había destrucción, aislamiento, muerte. Pero de entre todos los milagros de Jesús, el mayor y más importante es su Resurrección, pues en ella todas las vidas son resucitadas, son hechas nuevas. Y no es necesario esperar a que nos llegue la muerte física para experimentar la Resurrección, sino que ya en esta vida, sea cual sea la situación que estemos viviendo, podemos experimentar el gozo de la Resurrección, y la esperanza que se desprende de estas palabra de la liturgia de Exequias "No temas hermano, Cristo murió por ti y en su Resurrección fuiste salvado".
Jesús obediente a la voluntad del Padre entregó su vida a la humanidad. Dios lo resucitó, para resucitar con él a la humanidad. Por eso Jesús ha dicho de si mismo, yo soy la vida.
Que Jesús Resucitado, cuando nos encontramos ante la última etapa del camino de la Pascua, nos ayude a reconocer en él como dice uno de los prefacios "El camino que nos conduce al Padre, la verdad que nos hace libre, la vida que nos llena la alegría".
Les dejamos el enlace con las lecturas y un video del Evangelio
Hermanos: en este cuarto domingo de Pascua, domingo de «El Buen Pastor», se nos recuerda una vez más que Jesús conoce el nombre y la historia de cada uno de nosotros. Él es la puerta que estamos llamados a atravesar, la voz inconfundible que se nos invita a seguir. Esa imagen nos inspira y nos ayuda a vivir la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas que celebramos un año más de manera conjunta bajo el lema “Empujados por el Espíritu: aquí estoy, envíame”. El papa Francisco, en su mensaje de este año nos recuerda la dimensión misionera de la vocación cristiana. Quien responde a la llamada de Dios para seguir su camino, descubre bien pronto el deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hombres sus hermanos. No estamos solos en esta tarea, Jesús camina a nuestro lado. Oremos por las vocaciones, sobre todo por las de especial consagración, al sacerdocio y a la vida religiosa y también por las vocaciones nativas de los países en misión.
«El Señor es mi Pastor, nada me falta» repetiremos en el salmo responsorial, esa es la actitud que hemos de tener: una actitud de confianza plena en Cristo. Las lecturas nos hablarán del camino que hemos de seguir, que no es otro que el mismo de Jesús, el Buen Pastor. Él es la puerta por donde debemos entrar, quien traza el camino que estamos llamados a recorrer.
Les dejamos un enlace con las lecturas y un video del Evangelio.
La liturgia nos ofrece este domingo un conocido Evangelio, el de los discípulos de Emaús.
Hoy en la actualidad, en tu vida, ¿a qué se parece el relato de Emaús? Este relato es un texto pascual y eucarístico. Pascual porque acontece en el contexto de la Pascua Judía, al día siguiente, y sobre todo el mismo día de la Resurrección de Jesús. Y eucarístico porque en él descubrimos las dos partes centrales de nuestra celebración de la eucaristía: la Liturgia de la Palabra, Jesús les explica las escrituras y ellos sienten ardor en su corazón, y la Litúrgica Eucarística, le reconocieron al partir el pan.
Este Evangelio que hoy nos ofrece este III Domingo de Pascua puede servirnos para revisar como estamos viviendo nosotros la celebración de la eucaristía. Como los discípulos de Emaús, también nosotros llegamos a nuestros templos para la celebración de la misa del domingo, con todo aquello que la vida nos ha ido trayendo durante la semana, alegrías, satisfacciones, objetivos conseguidos, pero también tristezas, cansancio, problemas, decepciones, agobios. Al llegar a la celebración tenemos que ser capaces de presentar todo eso al Señor y de despojarnos de la parte más negativa, luego el Señor mismo se hará presente en medio de nosotros en la Palabra que se proclama, donde debemos ser capaces de escucharla con atención y acogerla con el corazón abierto permitiendo que deje huella en nosotros, y en segundo lugar se hace presente en el pan que Jesús mismo parte y reparte para nosotros, donde debemos ser capaces de contemplar este momento como una novedad, y de poner nuestra vida en la vida de Dios sobre el altar.
Al terminar la celebración tenemos que sentirnos renovados y volver a nuestra vida con alegría y esperanza, seguramente seguiremos teniendo las mismas dificultades con las que llegamos pero tenemos que ser capaces de verlas y de llevarlas de otra manera, al estilo de Dios.
Si esto se ha convertido en una rutina, acto de cumplimiento, si vamos a ella sin haber pensado como ha sido nuestra semana, si llegamos al templo como si entrásemos en cualquier otro lugar, y seguimos cargando nosotros solo con nuestras cosas, sin saber o sin querer ponerlas en las manos de Dios, si oímos su Palabra como algo del pasado y no va con nosotros y con la cabeza puesta en nuestras propias preocupaciones, si miramos la consagración como un rito repetido que casi sabemos de memoria, si al terminar la misa nos vamos como mismo hemos venido, o a veces incluso enfadados porque ha durado mucho rompiendo nuestros planes, si estamos vivendo de esta forma la celebración de la eucaristía, sin duda, algo estamos haciendo mal.
Por eso, en medio de la Pascua de Jesús, aprovecha este momento, y este Evangelio para revisar desde la sinceridad con Dios y contigo mismo, como está siendo tu vivencia de aquello que es el centro de la vida de la Iglesia y la oración más perfecta que podemos hacer los cristianos, la celebración de la eucaristía.
Les dejamos un enlace con las lecturas y un video del Evangelio.
Jesús manifestó a Sor Faustina su deseo de que el domingo siguiente al Domingo de Pascua de Resurrección fuera proclamado como el día de la "Fiesta de la Misericordia". Jesús dijo a Sor Faustina: "(...) Esta fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias" (Diario, 420). " (...) Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores" (Diario, 699). En otra oportunidad dijo: "(...) quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, (se refiere a recibir la Santa Comunión) recibirá el perdón total de las culpas y de las penas" (Diario, 300), y "(...) En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata" (Diario, 699).
Para recibir estos grandes dones hay que cumplir con las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia: confiar en Dios, ser misericordiosos con nuestro prójimo, estar en estado de gracia santificante (habernos confesado) y recibir la Santa Comunión.
Jesús agregó: " (...) No encontrará alma ninguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi Misericordia infinita" (Diario, 570).
También indicó: "(...) por eso quiero que la imagen sea bendecida solemnemente el primer domingo después de Pascua y que se la venere públicamente para que cada alma pueda saber de ella" (Diario, 341).
Les dejamos el enlace de las lecturas y un video del Evangelio.